CINCO PELÍCULAS DE JARED LETO

Cinco películas de Jared Leto que explican por qué nadie sabe qué esperar de él

La carrera de Jared Leto mezcla riesgos, transformaciones extremas y pausas musicales, pasando de joyas de culto a blockbusters y tropiezos impredecibles.

Créditos: Foto: MVS Digital.
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Un actor que nunca hace lo esperado

Pocas carreras en Hollywood resultan tan difíciles de trazar en línea recta como la de Jared Leto. Nacido el 26 de diciembre de 1971 en Bossier City, Luisiana, saltó a la atención pública con la serie My So-Called Life en 1994, donde compartió créditos con Claire Danes. Desde entonces, su trayectoria ha oscilado entre el drama independiente más devastador, el blockbuster de franquicia y largos silencios en los que la música ocupó todo su tiempo. Leto fundó 30 Seconds to Mars junto a su hermano Shannon, y durante varios años la banda fue su proyecto principal, no un pasatiempo entre rodajes. Esa doble vocación —y su costumbre de desaparecer físicamente dentro de cada personaje— lo convierte en una figura que genera admiración y escepticismo en proporciones iguales.

Réquiem por un sueño (2000): el papel que lo puso en el mapa

Antes de este filme, Leto era un rostro televisivo con presencia esporádica en el cine. Darren Aronofsky cambió eso. Como Harry Goldfarb, un joven neoyorquino atrapado en la espiral de la heroína, entregó una interpretación de desgaste progresivo que todavía resulta difícil de ver. No hay vanidad en su trabajo aquí: adelgazó de forma notable, y su mirada va apagándose escena a escena con una precisión que supera el mero oficio.

La película golpea desde múltiples frentes —la madre medicada, la novia explotada, el amigo destruido— pero el arco de Harry funciona como columna vertebral emocional. Aronofsky pedía entrega total, y Leto respondió. Para muchos críticos, este sigue siendo su mejor trabajo, aunque la Academia lo ignoró por completo aquel año.

Dallas Buyers Club (2013): el Oscar que lo consagró

Entre Réquiem y esta película pasaron trece años. Trece. Un intervalo insólito para cualquier actor que busque mantenerse vigente, pero Leto no estaba exactamente desocupado.

Su regreso al cine de alto perfil llegó con el papel de Rayon, una mujer trans con VIH en el Texas de los ochenta. Perdió alrededor de 14 kilos, se depilaba las cejas y trabajó codo a codo con Matthew McConaughey en una química que sostiene la película entera. El resultado fue el Oscar a Mejor Actor de Reparto, un reconocimiento que validó su método extremo de preparación y dejó claro que su talento no había caducado durante la pausa.

El paréntesis musical: 30 Seconds to Mars

Esos años fuera del cine coincidieron con la etapa más prolífica de 30 Seconds to Mars. El álbum debut llegó en 2002, pero fueron A Beautiful Lie y This Is War los discos que consolidaron a la banda en el circuito de rock alternativo. "The Kill" y "Kings and Queens" se volvieron himnos de estadio. Y en un gesto que dice mucho sobre la ambición de Leto, el sencillo "Up in the Air" fue literalmente lanzado al espacio desde la NASA. La música no fue un capricho entre películas; fue el centro de su vida creativa durante casi una década. Entender eso ayuda a explicar por qué su filmografía tiene huecos tan amplios.

Blade Runner 2049 (2017): villano en un universo de culto 

Denis Villeneuve le dio un papel breve pero magnético: Niander Wallace, el industrialista ciego que controla la producción de replicantes. Leto aparece en pantalla apenas unos minutos, y aun así su presencia permea toda la atmósfera del filme. Hay algo perturbador en su cadencia al hablar, en la forma en que sus ojos vacíos parecen ver más que los de cualquier otro personaje.

No era un protagónico, y quizá por eso funcionó tan bien. Villeneuve necesitaba un antagonista que irradiara poder sin levantar la voz, y Leto calibró cada gesto al mínimo. Wallace terminó como uno de los villanos corporativos más memorables de la ciencia ficción reciente.

Morbius (2022): la apuesta por el cine de superhéroes

Toda carrera arriesgada incluye tropiezos, y este fue uno visible. Leto protagonizó la adaptación del antihéroe vampírico de Marvel dentro del universo de Sony, una película que dividió opiniones de forma rotunda. La crítica fue mayoritariamente negativa —las reseñas en Rotten Tomatoes no dejaron mucho margen—, pero el filme generó una conversación cultural curiosa: memes, rewatchs irónicos y una base de seguidores que lo defiende como entretenimiento funcional.

Lo interesante es que Leto se entregó al papel con la misma intensidad que a cualquier drama indie. Usó prótesis, estudió movimientos de murciélagos y permaneció en personaje durante el rodaje. Si quieres formar tu propio criterio, Morbius está disponible en streaming. Y con su siguiente proyecto de franquicia, Tron: Ares, donde interpreta a un programa enviado al mundo real, queda claro que no piensa soltar el terreno del cine comercial.

Sr. Nadie (2009): la joya subestimada

Si hay una película de Leto que merece ser rescatada del olvido, es esta. Dirigida por Jaco Van Dormael, Mr. Nobody explora las ramificaciones de cada decisión a través de un hombre de 118 años que recuerda —o imagina— todas las vidas que pudo haber vivido. Ciencia ficción filosófica, densa, visualmente ambiciosa y emocionalmente agotadora.

Leto interpreta al protagonista en múltiples edades y realidades con una sutileza que contrasta con sus papeles más reconocidos. Aquí no hay transformación física extrema; hay matices. La película no encontró gran público en su estreno, pero con los años se convirtió en objeto de culto, especialmente entre quienes disfrutan las narrativas no lineales.

Después del maratón: cambiar de registro con una buena comedia

Recorrer cinco películas de Leto equivale a un entrenamiento emocional exigente. Adicciones, enfermedades terminales, distopías corporativas, vampiros atormentados y existencias paralelas: el hombre no hace cine ligero. Tras semejante maratón, el cuerpo pide algo que no requiera descanso terapéutico al terminar.

Un buen contrapeso es darse una vuelta por el catálogo de Peliculas de comedia y elegir algo que devuelva la sonrisa sin pedir nada a cambio. Después de tanto método actoral y sufrimiento en pantalla, reírse un rato no solo está permitido: es casi obligatorio.